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¡A DETENER
LA DEFORESTACIÓN!
Muchos los problemas, una la solución: economía mapuche de subsistencia dice Nicanor Parra en uno de sus artefactos. Tal vez sea necesario llegar a ese punto, pero que algo hay que hacer, y rápido, lo tienen claro hasta los amigos de Bush (que cada día son menos). Es cierto,
no somos los grandes contaminadores del planeta. Por el contrario, contamos
con bosques nativos que son importantes pulmones de la pobre madre tierra.
Todos saben, sobre todo después de la verdad inconveniente lanzada
por Al Gore a todos lo vientos, que lo del cambio climático es
serio. Se sabe
que los bosques naturales pueden contribuir a aminorar el problema.
Por todos los medios hay que detener la deforestación, advierte
el ex vicepresidente norteamericano, y Chile no sólo no hace
nada respecto de sus bosques sino que incentiva su sustitución
por plantaciones exóticas. El Protocolo
de Kyoto, ese mismo que el máximo contaminador, los Estados Unidos,
aún no suscribe, inventó un complicado sistema para contaminar
pagando, a través de los bonos de carbono. Poco ético,
en términos absolutos, pero es lo que el sistema aprobó
y varios países sudamericanos, como Costa Rica y Bolivia, están
apostando a esos bonos para conservar sus bosques. Chile, con trece
millones de hectáreas de vegetación nativa, según
el Catastro, no acierta a proteger su valioso recurso natural. En catorce
años los gobiernos de la Concertación no han sido capaces
de sacar una ley de bosques que apoye la conservación y la recuperación
del bosque nativo. Todos los Presidentes han prometido que durante su
mandato habría ley y bonificaciones para pequeños y medianos
propietarios. En sus
manos está la mayor masa de bosques, aunque dispersa y maltratada,
y se requiere urgentemente apoyarlos para detener la constante deforestación.
Los últimos ministros de Hacienda han ofrecido sumas irrisorias,
como máximo 5 millones de dólares anuales, para los subsidios
de una ley estancada que, además, no cumple con los requisitos
mínimos para asegurar la protección del bosque. No habla
de sustitución, para que los productores de frutas puedan seguir
raspando los cerros con bosque esclerófilo y lo reemplacen por
millones de paltos, que cuando el mercado decida, dejarán de
ser regados y se instalará la erosión. Es tan
raro que gente preparada e inteligente, como se supone son los Presidentes
de la República y sus ministros, no le den al bosque nativo la
importancia que le dan los organizaciones ciudadanas y científicas
chilenas y extranjeras, que lo califican como un verdadero tesoro en
peligro. La visión cortoplacista es la que ha jugado en contra. Invertir en bosques es como invertir en bonos de mediano y largo plazo. Una inversión país, que podrá recuperar su masa forestal y contar, en treinta años más, con bosques importantes, aptos para un buen manejo, fuente de trabajo para mucha gente. Porque sin duda es también una inversión social: desde el comienzo disminuiría la fuerte cesantía de las regiones del sur. Y colaboraríamos a detener el desastre anunciado. Malú Sierra |
