El
empleo de trigo, caña de azúcar, maíz y palma
aceitera para la producción de biocombustibles amenaza el
derecho a la alimentación adecuada de 854 millones de personas
con hambre en el mundo.En un informe de 23 páginas presentado
ante la Asamblea General de la ONU, Jean Ziegler, relator especial
de ese organismo sobre Derecho a la Alimentación, reclamó
a los 192 países que integran el foro mundial que se establezca
una moratoria de cinco años a todas las iniciativas de producción
de biocombustibles a partir de cultivos alimenticios.
"Usar
tierras agrícolas productivas para producir comida que será
quemada como biocombustible es un crimen contra la humanidad",
advirtió. "Me preocupa seriamente que dejen una estela
de hambre.
La
súbita e imprudente carrera para convertir comida en biocombustible
es una receta para el desastre", advirtió y agregó
que "incluso si se trata de luchar contra el cambio climático,
no hay derecho a (perpetuar) esta masacre total" provocada
por la falta de alimentos. La moratoria "debería dar
tiempo para evaluar su impacto potencial en el derecho a la alimentación,
al igual que sobre otros derechos humanos, sociales y ambientales.
Se debería asegurar que los biocombustibles no causen hambre",
señaló Ziegler. Al mismo tiempo, indicó que
para evitar aumentos generalizados en el precio de los alimentos,
las tierras y el agua, deberían emplearse desechos agrícolas,
residuos de cosechas y vegetales que no se usan como comida para
la fabricación de biocombustibles.
Esta
petición de moratoria contrasta con las declaraciones del
presidente de Estados Unidos, George W. Bush, que pidió que
se incremente la producción de biocombustibles.Los promotores
de esta tecnología señalan que usando biocombustibles
en lugar de gasolina para proveer a los vehículos se consigue
reducir las emisiones de dióxido de carbono, aunque algunos
científicos consideran que los gases de efecto invernadero
que se liberan al producir biocombustibles pueden contrarrestar
esas ventajas. La utilización de las cosechas para obtener
biocombustibles ha llegado a ser bastante importante en países
como Brasil y Estados Unidos.
La
ONG española Amigos de la Tierra explica que para alcanzar
una sustitución de un 10% de la demanda de combustibles en
la Unión Europea por biocombustibles, se necesitaría
un 70% de toda la superficie agrícola de Europa. "Si
apostamos por perpetuar el mismo modelo insostenible, simplemente
sustituyendo combustibles fósiles por otros de origen agrícola,
estaremos convirtiendo una buena oportunidad en una gran amenaza",
concluye esta ONG.
HAMBRE
EN AUMENTO
Como
contrapartida, según datos de la ONU, la cantidad de personas
que pasan hambre ha ido en aumento año a año desde
1996 y suman actualmente 854 millones. "Prácticamente
no se ha hecho ningún avance para reducir el hambre, a pesar
de los compromisos asumidos en 1996, durante la Conferencia Mundial
sobre Alimentación y, nuevamente, en la Cumbre del Milenio
en Nueva York en 2000", destacó Ziegler en su informe.
"Esto
es inaceptable. Todos los seres humanos tienen derecho a vivir con
dignidad, libres del hambre. El derecho a la alimentación
adecuada es un derecho humano", agregó. La Organización
de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación
(FAO) informó que 34 países, la mayoría de
África subsahariana, están atravesando crisis alimentarias.
En las 14 naciones más pobres, más de 35 por ciento
de la población pasa hambre todos los días, incluso
en épocas en las que no se producen sequías o hambrunas.
El
problema es más grave en países con conflictos armados
como Burundi, Liberia, República Democrática del Congo
y Sierra Leona, sobre todo cuando el hambre se utiliza como un arma
en esas guerras. El director general de la FAO, Jacques Diouf, afirmó
que entre los factores que amenazan la seguridad alimentaria figuran
la demanda de biocombustibles, el cambio climático, la baja
productividad y la falta de acceso a los mercados.
A
medida que los precios de los alimentos se disparan en los mercados
internacionales, advirtió, algunos países se verán
forzados a imponer controles de precios para evitar conmociones
sociales y políticas. Diouf declaró a la prensa que
aunque el derecho a la alimentación es parte integral de
muchos tratados internacionales y tiene actualmente fuerza legal,
"ha sido dificultoso ponerlo en práctica".
La
FAO ya ha cuantificado un descenso de las reservas mundiales de
alimento debido, en parte, al impulso de los biocombustibles.El
uso de cosechas para alimentar automóviles en lugar de seres
humanos estimula la demanda y provoca aumentos de precios en toda
la cadena productiva y a través de las fronteras, alertó
Anuradha Mittal, directora ejecutiva del Instituto Oakland, un centro
de estudios con sede en San Francisco.
"Quienes
gastan más de la mitad de sus ingresos en alimentos, un grupo
que incluye a una significativa proporción de la población
en regiones donde la inseguridad alimentaria es mayor, verán
reducirse constantemente la cantidad de comida que pueden comprar
con sus limitados recursos", dijo Mittal. No debe sorprender,
por lo tanto, que los movimientos sociales prefieran el término
"agrocombustibles" para destacar el desvío de valiosos
recursos como la tierra y el agua con el fin de alimentar las ganancias
de las empresas y "el estilo de vida estadounidense",
agregó.
De
todas formas, indicó Mittal, en Estados Unidos, donde se
destinan miles de millones de dólares en subsidios a la producción
de biocombustibles -y probablemente se incluyan más en el
próximo proyecto de ley para la agricultura-, continuarán
siendo una competencia importante para las tierras cultivables y
los recursos productivos.
Incluso
personalidades científicas han alzado su voz en contra de
los agrocombustibles. El Premio Nobel de Química de 1988,
el alemán Hartmut Michel, aseguró recientemente al
periódico español El País que "los combustibles
de origen vegetal no son una buena opción para combatir el
cambio climático". Consideró asimismo que los
llamados biocarburantes no ahorran emisiones de CO2 y promueven
la deforestación de la Amazonia y de otras florestas en el
mundo, y propuso abolir la directiva de la UE para que el 5,75 por
ciento de los hidrocarburos en el transporte sea sustituido por
agrocombustibles antes del 2010.
Aunque
admite la necesidad imperativa de incrementar el uso de energías
renovables, también advierte que estos energéticos
no son neutrales en la emisión de CO2, debido a que al menos
la mitad de la energía contenida en ellos procede de los
hidrocarburos tradicionales. Para producir etanol, ejemplificó,
hace falta invertir tanta energía en fertilizantes, transporte
y destilado de alcohol, como la que hay en los carburantes obtenidos,
con lo que se acaba emitiendo más dióxido de carbono
que cuando se usa gasolina. Cubrir la demanda de electricidad de
Alemania con estos productos exigiría dedicar toda la superficie
del país a cultivos energéticos, sostuvo Michel. Pero,
en comparación, las células fotovoltaicas serían
entre 50 y 100 veces más eficientes, sin requerir esa superficie
y afectando menos la capacidad alimentaria.
Los
llamados biocombustibles fomentan, por otro lado, la pérdida
de selvas tropicales en Indonesia, Malasia, en algunas zonas de
Africa y en Brasil, países en los cuales se cultiva cada
vez más soya en bosques que, al ser talados, disminuyen la
oxigenación del ambiente y liberan gran cantidad de CO2 cuando
son quemados. La eficiencia de la conversión de biomasa en
agrocombustibles oscila, según el científico, entre
0,15 y 0,3 por ciento, mientras que las células fotovoltaicas
alcanzan ya una eficiencia de entre el 15 y el 20 por ciento. A
lo anterior debería añadirse que el uso de éstas
se encuentra limitado por conveniencias económicas y geopolíticas.
Los
mayores dividendos y el control global están favoreciendo
al capital, el hábito de consumo y la política agrícola
de Estados Unidos, que persigue mantener casi la mitad de los automóviles
del planeta, utilizar el 25 por ciento del petróleo del mundo,
preservar los subsidios a sus empresarios agrícolas y fomentar
capitalizaciones de sus transnacionales. Las opiniones y hechos
revelados por la prensa, líderes de opinión, políticos
y científicos demuestran que o se alimenta de forma adecuada
a la mayoría de los humanos, o se satisface a los automóviles
que disfruta la minoría, mayoritariamente en el Primer Mundo.
Fuente:
IPS/ Terra/Discapnet