Un
informe de Corpwatch, organización de investigación
y denuncia de las violaciones a los derechos humanos y los crímenes
ambientales producidos por las grandes corporaciones, estudia minuciosamente
a la mayor aurífera del mundo, Barrick Gold. El estudio explica
de qué modo esta empresa contamina el aire y el agua y destaca
como victoria comunitaria lo ocurrido en La Rioja, Argentina, donde
las asambleas ciudadanas de Famatina lograron detener la exploración
de parte de esa empresa. Las comunidades responden a los impactos
de las minas en todo el mundo.
Este informe constituye un recuento de los problemas que causa en
la actualidad la industria del oro, en los que se contraponen abiertamente
los intereses de Barrick y los intereses de las comunidades en cuyo
seno la empresa realiza sus explotaciones. Desde evitar toda responsabilidad
por la destructiva herencia ambiental que dejan sus proyectos o
aliarse a políticos corruptos, hasta recurrir a la policía
para que reprima con violencia a los críticos de la actividad
minera, el poder de Barrick en estas luchas configura un caso que
exige intervención urgente.
Entre los grupos comunitarios que luchan contra Barrick se cuentan
autoridades gubernamentales y tribales locales, asambleas de madres
contra la minería y otros grupos de base que atraen miles
de adherentes. La valerosa entrega de estos activistas a su obra
es asimismo peligrosa y agotadora, y sirve para ilustrar la realidad
concreta de Barrick y otras empresas similares. No hace falta decir
que esta perspectiva sobre la minería, que tan escasa resonancia
tiene, no presagia nada bueno para la industria en su totalidad,
ya que procede de quienes se hallan afectados de cerca por sus explotaciones.
Los conflictos de la industria no constituyen casos aislados de
abuso sino que son parte de un sistema en el marco del cual estos
abusos son inevitables. Canadá, donde Barrick tiene su sede
central, alberga a más del 60 por ciento de las empresas
mineras del mundo, que realizan explotaciones en todo el planeta.
Pese a estar a la cabeza de esta industria, Canadá no ha
tomado la delantera en mediar ni en responsabilizarse de la conducta
de sus empresas en el extranjero.
A causa de esta negligencia, Canadá ha recibido críticas
de todo el mundo, primero de organizaciones ambientalistas, religiosas
y de derechos humanos, y ahora cada vez más de instituciones
internacionales como las Naciones Unidas. Hasta el propio gobierno
canadiense ha comenzado a reconocer las duras realidades que trae
aparejadas la presencia en el extranjero de su industria minera,
que se caracteriza por la destrucción del medio ambiente,
la corrupción política, las luchas comunitarias, los
abusos contra los derechos humanos y el consumo de cantidades enormes
de agua.
2006 marcó el año del primer foro Mesas Redondas Nacionales
sobre la Responsabilidad Social Empresaria (CSR) y la Industria
Extractiva Canadiense en Países en Desarrollo, que se organizó
en reacción a un informe del año 2005 del Comité
Permanente de Asuntos Exteriores del Parlamento de Canadá.
Dicho informe admitía que Canadá no cuenta con leyes
que garanticen que las empresas mineras canadienses "se adecúen
a los criterios de derechos humanos, incluyendo los derechos de
los trabajadores y de los pueblos indígenas". Pero,
pese a la abrumadora evidencia de que la autorregulación
y las medidas voluntarias adoptadas por las empresas mineras no
son suficientes para garantizar estos derechos, la búsqueda
de un marco legal vinculante para garantizarlos es un compromiso
pendiente del gobierno canadiense.
El agua vale más que el oro
El agotamiento del agua
es una de las principales consecuencias negativas de la minería
aurífera, como lo demuestran los estudios de los casos del
Lago Cowal, Pascua Lama y los Shoshones occidentales. La gran cantidad
de agua que se requiere para llevar adelante una explotación
minera agrava el impacto de la misma en las comunidades locales,
muchas de las cuales ya están experimentando sequías.
El consumo diario de agua en la mina de Barrick en el Lago Cowal
supera al de todo el distrito de Lismore (Lismore, con una población
de casi 30.000 habitantes, es un centro regional de capital importancia
en la zona Northern Rivers del estado). Desde que la mina inició
sus explotaciones, el nivel del agua en sus inmediaciones disminuyó
de 20 metros a 50 metros bajo el nivel del suelo. La mina tiene
permiso para usar hasta 3.650 millones de litros de agua por año
durante los próximos 13 años y probablemente superará
esa cifra. Mientras tanto, la región que rodea al yacimiento
soporta ya su octavo año de sequía.
En su mina de Pascua Lama, Barrick está perturbando 25,5
hectáreas de tres glaciares y ha pedido que se caven túneles
por debajo de los glaciares. La exploración y la fase de
cateo (en la década pasada) ya han sido vinculadas al agotamiento
de los glaciares. Barrick intentó culpar del derretimiento
al calentamiento global, pero esas afirmaciones fueron refutadas.
Además del derretimiento de los glaciares en gran escala,
Barrick propone extraer agua adicional para hacer funcionar su mina
y sus fábricas. El requisito estimado es de hasta 42 litros
por segundo, que se tomarían de los ríos Estrecho
y Toro.
La minería a cielo abierto genera gran cantidad de desperdicios
por un rendimiento mínimo. En promedio, lleva 79 toneladas
de desperdicios extraer una onza de oro, según una estimación
conservadora realizada por la campaña No al Oro Sucio, proyecto
de Herat Works y Oxfam. El proceso incluye triturar la mena y luego
exponerla al cianuro para extraer el oro. Los sulfuros que se hallan
en las rocas trituradas interactúan con el aire y el agua
para producir ácido sulfúrico, que a su vez produce
drenaje de ácidos mineros (DAM).
El DAM es dañino para los ecosistemas porque vuelve al agua
demasiado ácida para ser sustento de vida. Además,
el ácido sulfúrico del DAM filtra de los desperdicios
de la mena otras sustancias, tales como arsénico, cadmio,
plomo y mercurio, que pueden tener efectos desastrosos sobre la
salud y pueden contaminar el aire y el agua. La minería metalífera
ha sido vinculada al 96 por ciento de las emanaciones de arsénico
del mundo.
Un informe reciente de la Universidad de Nevada halló concentraciones
alarmantemente altas de mercurio en el aire circundante de una serie
de minas auríferas de Nevada. La mayor concentración
(3.120 ng/m3) se midió en la mina Marigold de Barrick. Resistencia
de las comunidadesEn Chile, el movimiento ciudadano que se opone
al proyecto de Barrick Gold en Pascua Lama suma cada vez mayor fuerza.
A mediados de noviembre, más de mil personas salieron a las
calles de Santiago con trajes típicos, música y danzas,
para protestar contra la minera, que amenaza el fértil Valle
del Huasco.
Mientras
tanto, en el continente africano, casi el mismo número de
trabajadores en huelga de la mina Bulyanhulu, también de
la Barrick, en Tanzania, rechazó trabajar después
del rompimiento de las negociaciones sobre salarios, condiciones
de trabajo, salud y otras cuestiones en disputa. En cuatro días,
Barrick despidió a todos los trabajadores en huelga. Pese
a que Barrick intenta proyectar una imagen libre de controversia
política, estos últimos estallidos de resistencia
organizada muestran luchas en marcha, descontento y enojo frente
al gigante minero.
Las
propuestas de oposición a la minería de oro y a favor
de la protección del medio ambiente dominaban las plataformas
electorales tanto de la Presidenta Bachelet como de su otrora oponente
Sebastian Piñera. Ambos aseguraban a sus electores que los
glaciares - situados en una reserva de la biósfera de UNESCO
- no serían tocados. Luego, en un cambio que los opositores
a la mina creen que fue planeado desde el inicio, Barrick abandonó
su primera propuesta de reubicar los glaciares y el proyecto fue
aprobado con condicionamientos destinados a mantener la integridad
ambiental del frágil ecosistema de la región. Pese
a estos cambios, los opositores a la mina, incluyendo al grupo indígena
Diaguita Huascoaltino, se mantienen inamovibles en su cuestionamiento,
frente a lo que ven como garantías de papel y politiquería.
Aún
más, ya es de conocimiento público que las actividades
de exploración de Barrick están conectadas con la
disminución de un 56 a un 70 por ciento en los glaciares
cercanos a la mina, contradiciendo las garantías de los informes
de evaluación ambiental. Las protestas en Santiago fueron
sólo las últimas de una serie de manifestaciones contra
el proyecto minero, que dejan ver que la resistencia sigue viva
y que la gente no se ha dejado engañar por las maniobras
políticas de Barrick.
Fuente: www.ecoportal.net / Indybay