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| Mina de carbón. |
En una época en que los principales expertos mundiales sobre el clima están de acuerdo en que las emisiones de dióxido de carbono tienen que ser reducidas para detener el calentamiento global, un importante productor de electricidad italiano, Enel, está convirtiendo su planta eléctrica en Civitavecchia del petróleo al carbón, el combustible más sucio de la Tierra.
Durante los próximos cinco años, Italia aumentará su dependencia del carbón del 14 al 33%. La electricidad generada por Enel a partir del carbón aumentará al 50%. Pero Italia no está sola en su regreso al carbón.
Impulsados por la creciente demanda, el incremento en el precio del petróleo y el gas natural, y el temor a la energía nuclear, Europa planifica construir alrededor de 50 plantas a carbón durante los próximos cinco años, las que funcionarán por 50 años.
El regreso al carbón está sembrando alarma entre los ambientalistas, que están horrorizados por su renacimiento, un combustible comúnmente asociado con una oscura novela de Dickens y que estaba en retirada.
Ha habido protestas en Civitavecchia; en una nueva planta en Vattenfall en Alemania; en una planta en la República Checa; así como en Kent, que planea convertirse en la primera nueva planta a carbón de Gran Bretaña en más de una década.
Pocas opciones
Enel, como muchas compañías eléctricas, dice que tiene pocas opciones para sustituir la infraestructura que se está haciendo vieja, particularmente en Italia, que prohíbe la energía nuclear. Los costos del combustible han aumentado 151% desde 1996, y los italianos pagan la electricidad más elevada de Europa. La energía nuclear es una alternativa políticamente inaceptable en una gran parte de Europa.
"Con el objetivo de salirse del petróleo, que se está haciendo cada vez más caro, nuestro plan es convertir todas las plantas de petróleo a carbón utilizando tecnologías de carbón limpio", dice Gianfilippo Mancini, director de generación y manejo de energía de ENEL. "Esta será la planta a carbón más limpia de Europa".
"Carbón limpio" es un término acuñado hace décadas por esta industria, en referencia a sus esfuerzos por reducir la polución. Las plantas de carbón limpio redujeron drásticamente la cantidad de partículas de hollín arrojadas al aire, así como el dióxido de sulfuro y el óxido nitroso, pero no el dióxido de carbono.
Por el contrario, la tecnología con la que la industria está contando para reducir estas emisiones -la captura y almacenamiento de carbono- no se encuentra disponible actualmente.
ENEL dice que solamente comenzará a experimentar con esta tecnología -en la cual las emisiones de CO2 son bombeadas hacia reservas bajo tierra en vez de liberarse a la atmósfera- en 2015, con la esperanza de encontrar "una solución" para 2020.
Demasiado tarde
"Eso llega demasiado tarde", dice Jeff Sachs, director del Earth Institute de la Universidad de Columbia. El problema es que la captura y almacenamiento de CO2, el santo grial del carbón limpio, implicarán la coordinación a nivel mundial y millones de dólares en inversiones, dice Sachs, los cuales ningún país o compañía parecen inclinados a gastar.
Existen unas pocas decenas de pequeños proyectos de prueba en Europa y EEUU, la mayor parte de ellos en etapas iniciales, pero sin muchos avances.
A finales de enero, el Gobierno de George W. Bush canceló lo que anteriormente fue, lejos, el mayor proyecto de prueba de captura de dióxido de carbono en Estados Unidos, en una planta a carbón en Illinois, debido a los altos costos. La Unión Europea había prometido desarrollar doce de estos proyectos, pero muchos han comparado la alternativa como poner a un hombre en la luna.
La construcción de las plantas que son capaces de capturar los gases de carbono -aquellas que generan dióxido de carbono puro como un efluente- cuestan de 10 a 20% más y en la actualidad solamente existe un puñado de ellas. Para la mayor parte de las plantas eléctricas a carbón, los costos de hacer la conversión serían "fenomenales", concluyó un informe de la estadounidense Environmental Protection Agency.
Mientras que la captura de CO2 involucra tecnología, almacenarlo es algo que sucede a nivel inherentemente local. Los geólogos tienen que determinar si existe un sitio bajo tierra apropiado para almacenar las emisiones, calcular cuánto dióxido de carbono puede contener y luego equiparlo de una manera que prevenga filtraciones y asegure seguridad. Una fuga masiva bajo tierra podría ser tan peligrosa como un derrame nuclear, dicen los críticos.
"Imaginar la captura de carbono es realmente crítico -podría no funcionar al final- y si esta no es viable, la situación respecto al cambio climático es mucho más terrible", dice Sachs.
En muchos frentes, la nueva planta de Enel es un modelo de eficiencia y reciclaje. El óxido nitroso es modificado para generar amonio, el cual es vendido. La ceniza y el yeso de carbón resultante son vendidas a la industria del cemento. Y la instalación de desalinización en el sitio mismo significa que la planta genera su propia agua para el enfriamiento. Incluso el agua calentada que sale de la planta no se desperdicia: sirve para calentar una granja de piscicultura, una de las mayores de Italia.
La nueva planta de Enel inaugura su primera caldera en dos meses. Esta producirá de inmediato menos emisiones de CO2 que la antigua caldera a petróleo que está sustituyendo, pero solamente porque producirá menos electricidad, admite la empresa.
En las ciudades que rodean a Civitavecchia, la inminente llegada de la planta a carbón, con sus tres domos plateados, produce temor. Ciudadanos dicen que ENEL ha obtenido la aprobación al comprar equipos para el hospital local y por medio de importantes relaciones públicas. Los anuncios publicitarios para el proyecto muestran a una jovencita borrando la columna de humo de una planta eléctrica. En 2007, un referendo local votó no, pero de todas formas la planta continuó, alegan.
La Unión Europea, a través de su esquema de intercambio de emisiones, ha intentado hacer que las plantas eléctricas tomen en cuenta los costos del CO2, al obligarlas a comprar "permisos" para las emisiones. Pero Enel ha calculado que con el precio del petróleo tan elevado, el carbón es mucho más barato, aún considerando el costo de los permisos para contaminar.
LAS VENTAJAS SEGÚN LA INDUSTRIA
En términos de costo y seguridad energética, el carbón tiene muchas ventajas, sostienen quienes lo proponen. Las reservas van a durar 200 años, en lugar de 50 como el gas natural y el petróleo y es más barato que estos, aunque sus precios se han triplicado en los últimos años, pero -dicen- no existe un cartel del carbón, por lo que hay más espacio para negociar los precios.
Fuente: La Nación/International Herald Tribune/The New York Times Syndicate.