VIRUS ISA: EL INVITADO DE PIEDRA QUE LLEGO PARA QUEDARSE


Aguas Claras
 

La industria del salmón ha dado que hablar en los últimos meses, y no precisamente por motivos muy positivos. El mal manejo de la industria finalmente ha comenzado a pasar la cuenta y ha mermado de manera significativa la producción de muchos centros de cultivo. El problema más grave que actualmente aqueja al sector es la epidemia de Anemia Infecciosa del Salmón, conocida como virus ISA, que si bien no afecta a los humanos, causa una alta mortandad entre los peces.

De acuerdo al listado oficial que maneja el Servicio Nacional de Pesca, a fines de mayo más de veinte centros de cultivo presentaban presencia del virus. Y como se trata de un virus, no es posible combatirlo con antibióticos u otros medicamentos, y la única solución que han encontrado hasta ahora las empresas para controlar la epidemia ha sido el cierre y traslado de los centros de cultivo hacia zonas sin presencia de la enfermedad.

Pese a que este problema se conocía hace meses, el foco público se centró en la industria después de que varios medios extranjeros –entre ellos el New York Times- publicaran varios reportajes denunciando las deficientes condiciones laborales y sanitarias de la salmonicultura chilena. Entonces, tanto desde el gobierno como desde la propia industria se alzaron las voces para defender a la industria y desmentir las acusaciones. Pero todas estas declaraciones no pueden borrar las millonarias pérdidas que acumula el sector en lo que va del año.

Algunos expertos aseguran que, en términos financieros, los costos podrían llegar hasta los mil millones de dólares en cinco años. A pesar de que SalmonChile, que agrupa a los empresarios del sector, aún cree que superarán este problema en apenas un par de años.

Sin embargo, estos pronósticos se refieren exclusivamente a la productividad desde el punto de vista económico; lo que ni unos ni otros han contemplado detenidamente son los costos sociales y ambientales asociados. Cuando hace un par de décadas la acuicultura llegó a instalarse en el sur de Chile, especialmente en la Región de Los Lagos, lo hizo prometiendo trabajo y bienestar para la población local. Hoy, los primeros que han sentido los efectos de la crisis son precisamente los trabajadores, tanto de los centros de cultivo como de las plantas de proceso. Al menos dos mil han sido despedidos en lo que va corrido del año debido al cierre de varios centros. Para los que se quedan el panorama no es mucho mejor, pues muchos han visto mermados sus ingresos, que son en un porcentaje importante variables y dependen de los niveles de productividad, que han bajado notablemente a causa del ISA.

Algunos cifraron sus esperanzas en las propuestas que debía presentar la Mesa del Salmón, instancia convocada por el gobierno para intentar resolver la crisis, y que dio por concluido su trabajo con la presentación de un informe y una serie de recomendaciones. Sin embargo, entre las principales prioridades que estableció esta comisión está la de acelerar el proceso de otorgamiento de concesiones para los centros de cultivo, cuestión que va exactamente en sentido contrario del sentido común y la prudencia, pues abre la puerta para la expansión de las salmoneras –y por lo tanto del virus- hacia nuevas áreas, hasta ahora libres del problema, y hacia adonde comenzarán en breve a trasladarse los criaderos de peces. Incluso algunas ONG’s que han estudiado el tema, como Fundación Terram, habían solicitado a la autoridad una moratoria para toda nueva concesión, con la finalidad de efectuar los estudios pertinentes y formular una estrategia sustentable y consensuada entre todos los involucrados. Pero al parecer, nuevamente primará una versión cortoplacista al abordar este problema.

robablemente la más afectada será la región de Aysén, que ya ha comenzado a recibir a numerosas pisciculturas, iniciando una transformación similar a la que se registró en las costas de Chiloé hace un par de décadas atrás.

Por lo pronto queda claro que ninguna propuesta será milagrosa ni podrá modificar el hecho de que el virus ISA llegó para quedarse, y que eso implica, necesariamente, una baja en la productividad y por lo tanto en los niveles de ganancias de la industria. Lo que queda por ver es si este remezón logrará forzar las modificaciones de fondo que esta actividad requiere con urgencia, que permitan prevenir males como el virus ISA, o tendremos que seguir lamentando pérdidas que, como sabemos, afectan con mayor fuerza a los más desvalidos: el medio ambiente y los trabajadores del sector.

Paulina Vera